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Mistress Ángela

Mistress Ángela

Soy un Ama de origen ruso, y desde muy joven sentí en mi interior la necesidad de humillar, subyugar voluntades y manipular a los hombres a mi voluntad.

Disfruto cuando mis encantos les atraen, les arrastran ante mí reptando, prácticamente postrados a mis pies, dispuestos a superar cualquier prueba caprichosa que se me ocurra y que sirva para darles la oportunidad de demostrar su valía, si es que la tienen. ¿Qué puedo decir? Ese sentimiento borracho de poder, ese éxtasis que me aporta el saber que puedo dirigir las almas de esos pobres hombres a donde me apetezca, me seduce desde que soy una niña.

Sé que el bienestar de los hombres está en mis manos, y con mi cercanía hago que la sesión, o la mera fantasía que tengan de ser usados y dominados como si fueran cerdos, a manos de una joven dominatrix rusa a la que no podrían acercarse sino es de rodillas e implorando… se convierta en realidad. Eso sólo si me apetece y estoy de buenas, naturalmente. Si me ponen de mal humor, o desobedecen, conocen rápidamente mi rigor y tardan poco en arrepentirse.

Para mí son muy importante las formas, los modales y el saber estar. No me gusta la gente mediocre y sin clase.

Mi expectativa es crear un ambiente inigualable e inolvidable, como el de un sueño, como el de algo que nunca pasó, pero está pasando. Una vez se arrodillan ante mí, se colocan en su posición habitual sumisa, comienzo su adiestramiento personalizado. No todos los hombres son iguales de domar, no todos reciben los mismos castigos o premios. Lo habitual es que los más obedientes, puntuales, respetuosos y trabajadores sean los mejor parados, aunque hay excepciones.

Sé que asusto y que los hombres tienden a ser cobardes, pero este miedo está algo injustificado. Soy una dominatriz cercana, transparente, con empatía y con entendimiento. Cuando se comportan debidamente se sienten muy a gusto ante mi eléctrica presencia y consiguen experimentar conmigo sus perversiones más ocultas e inconfesables.

Los problemas vienen cuando alguno no conoce su lugar, ni respeta las jerarquías, ni cumple con su compromiso. Cuando hay algo en su comportamiento que desapruebo, no vuelven a verme… y ya pueden esforzarse entonces, porque no suelo dar jamás una segunda oportunidad.

Me avala una dilatada y demostrable experiencia, amo el Femdom, que es mi gran pasión personal, pero tal y como yo lo veo, son los hombres los que tienen que demostrar su obediencia y capacidad de sacrificio, no yo. No vivo de esto. Tengo una vida profesional laboral ajena al mundo BDSM, pero soy un Ama perfectamente preparada, joven pero con perfecto dominio del oficio, y, lo mejor de todo, me puedo permitir decidir el qué, cómo y con quién. Así que decido yo, y una vez que decido algo, ese algo se cumple.

Soy muy fetichista, me encanta ver el rostro de todos esos esclavos felices de poder pasar la lengua por la planta de mis cuidados pies, implorando que les preste un poco de mi atención, que les ceda un poco de cariño , un poco de comprensión, un poco de caricia a sus cuerpos y almas. Adoro la oscura ingenuidad de mis esclavos. Diría que, en cierto modo, me enternece. Hombres hechos y derechos dispuestos a reconciliarse con lo más patético de su ser.
Recibo en un apartamento que uso sólo para realizar sesiones, tengo una amplia gama de material que se adapta a todas las fantasías y gustos de mis esclavos. No es una mazmorra, pues es un sitio subterráneo, pero es la puerta de entrada a un lugar del que no hay retorno. Una vez vienen a mí, todo lo que una vez fueron, desaparece, y un nuevo hombre que, de momento, sólo dormitaba en letargo en su interior, nace.

Yo sabré valorar los sacrificios del esclavo que habita en tu interior, visitante de esta web.

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