Una sesión gratis

Una sesión gratis

Bueno, gratis, lo que se dice gratis, no. Gratis no hay nada en la vida. Mi tiempo siempre hay que pagarlo, de un modo u otro. Digámoslo así, una sesión sin tributo, realizada voluntariamente simplemente porque me apetecía. A veces, esas son las mejores sesiones, y justo hoy mismo acabo de tener una maravillosa. Me explicaré:

No me gusta llamarlos sumisos financieros, ni nunca me agradó demasiado la expresión dominación financiera. Si la uso, es por hacerme entender, pero luego, en el día a día, procuro evitarla. Realmente, en rigor, yo dominación financiera, no hago. Lo que yo tengo es, más bien, admiradores, por decirlo así, que me demuestran su sumisión de manera monetaria. A veces lo hacen porque viven muy lejos, en otras comunidades u otros países, y no tienen otra forma de alegrarme el día y complacerme sino esa. Otros lo hacen porque, por miedos aún no superados, no pueden enfrentarse a una sesión física y, en no pocas ocasiones, porque son admiradores que, sencillamente, quieren ofrendarme lo mejor de sí mismos, el fruto de su trabajo, el sacrificio consagrado a una mujer bella con la que sueñan, sentimiento éste que me parece que no sólo es noble, sino incluso romántico y admirable.

Como ya he explicado innúmeras veces, la dominación financiera no consiste en arruinarle la vida a la gente, sino en atender a sus necesidades emocionales más profundas. Quien se crea que la dominación financiera consiste en tumbarse en el sofá a que lluevan los billetes, está muy equivocado. Dedico a mis sumisos financieros, a menudo, mucho más tiempo del que tengo que dedicar a mis sumisos normales. Los emails que me escriben son mucho más profundo y más envueltos en capas y capas de complejidad intrapsicológica e intrapsíquica. A veces, algunos de estos emails, debo leerlos y releerlos durante horas para poder responderlos debidamente. Cuando organizo mis sesiones diarias, debo reservar siempre algunas horas sólo a escribirle a sumisos financieros que tengo por todo el planeta. De hecho, aprovecho para confesar algo: la razón por la que casi nunca publico nada en el blog es porque diariamente, los sumisos financieros, me chupan todo el tiempo que estoy frente al ordenador. Siempre me digo: va, nos ocupamos de los financieros, y luego escribimos una entrada de blog. Luego me pongo a ello, y cuando me doy cuenta, han pasado tres horas y ya paso del blog.

Me gusta hacerle videollamadas a mis sumisos financieros, de vez en cuando… Casi siempre en plan sorpresa, a ver si hay suerte y les pillo masturbándose o algo así. En ocasiones, hay que premiarles con pequeñas atenciones dedicadas, fotos hechas sólo para ellos, o pequeños videos, o simplemente una llamada telefónica para saber cómo están, para tenerles presentes en mi vida, para que no caigan en la idea de que son unos estafados y unos peleles, pues ni lo son, ni yo los considero así. Respeto muchísimo más a un hombre que quiere sacrificarse por mí dándome, no sé, un X% de su sueldo, que uno que simplemente apretará los dientes unos minutos mientras le flagelo. El primero me entrega mucho más de sí mismo que el segundo. El primero me dedica SU VIDA, el segundo sólo me dedica una hora. El primero me admira en todo momento, el segundo sólo me admira durante un ratito. No exagero cuando digo que la mayor parte de mis sumisos financieros son hombres que, lo que les ocurre, es que están ENAMORADOS… y yo JAMÁS me reiría de un hombre que se entrega al amor de una manera tan noble y desinteresada. Es más, considero AMORAL tratar mal a un hombre enamorado. Yo podré ser cruel, sádica, traviesa, despistada… muchas cosas. Pero no soy amoral, ni pienso serlo jamás.

A muchos de mis sumisos financieros les controlo la cuenta bancaria. Tengo todo un archivo con las claves de las cuentas y tarjetas y bancarias, pero eso no quiere decir que les desfalque. Que pueda hacer una cosa, no conlleva que la haga, ni tampoco que deba hacerla. La realidad es que el 90% de las veces, miro sus cuentas bancarias no para sacar dinero de ellas, sino para saber en qué han estado gastando mis sumisos su dinero y luego pedirles explicaciones, o reprenderles por ello. Así les pongo nerviosos (con lo cual se acrecienta mi poder), y empiezan a balbucear, y entonces ellos mismos son los primeros en querer ingresarme algo.
—¿Qué son esos 200€ que vea que has gastado con la tarjeta, perra?
—Mi Ama, es que el otro día me compré unas gafas de Sol.
—¿Te has comprado unas gafas de Sol sabiendo que yo tengo puesta unas en mi Wishlist?
—Perdón mi Ama. Lo siento mucho… es que no había mirado su Wishlist, y no sabía…
—No miraste mi Wishlist porque, en el fondo, no eres tan sumiso.
—Sí lo soy, mi Ama, lo que pasa es que…

Al final, ellos solitos, sin que yo les mande nada, ni les saque nada de sus cuentas bancarias, me regalan las gafas de Sol voluntariamente o me transfieren dinero voluntariamente, y con ello consiguen sentirse mejor consigo mismos, porque les tengo más presentes en mi vida, porque así son más únicos, y se diferencian más del resto de sumisos, que sólo se entregan a mí durante unos minutos. Esto de las gafas de Sol es un ejemplo inventado, pero creo que refleja bastante bien cómo es la dinámica real de la dominación financiera… muy diferente a lo que mucha gente se cree que es. En la mayor parte de los casos, la dominanción financera es bastante amigable.

Sí es verdad que hay algunos casos más complejos, en los que toca tomar medidas algo más inquisitoriales y en los que el control financiero toma otras formas más duras, como chantajes o extorsiones pero, por lo general, es todo bastante más razonable de lo que pudiera parecer. Lo que necesitan la mayor parte de sumisos financieros no es que les roben o extorsionen, sino que les escuchen, les atiendan y les tengan presentes. Necesitan… no sentirse invisibles para una mujer hermosa, algo también muy respetable, y que no tiene nada que ver con abusos o chantajes.

El caso es que la mayor parte de mis sumisos financieros son de otras comunidades o son extranjeros, por lo que, casi nunca se presenta la oportunidad de poder verlos en persona. Naturalmente, cuando un hombre me abre su alma, y me desvela todos los secretos de su vida familiar/laboral/personal, y me deja que le controle los gastos y se sacrifica tanto por mí… pues me entran ganas de conocerle personalmente. Al final una siente curiosidad por sus admiradores, o simplemente quiere poder usarles de un modo más físico y carnal… porque eso es lo que nos excita a las Dominatrix. Que un hombre me admire y se sacrifique financieramente no quiere decir que no me pueda apetecer también sodomizarle o fustigarle. De hecho… me joroba bastante que algunos de ellos vivan tan lejos, pues si los tuviera más a mano… me encantaría castigarles pero bien. En Madrid tengo a bastantes sumisos financieros y siempre reservo uno o dos días sólo para visitarles y, prácticamente, nunca les saco dinero, aunque sé que podría. Es otra cosa… a ellos me acerco con otra actitud más alegre, más lúdica, más animus iocandi, por así decirlo… Suelo aprovechar para sesionar con ellos, aunque muchas veces simplemente les saco a cenar y, aunque seguro que habrá muchos que no me crean, a menudo pago yo esas cenas. ¿Qué me importa pagar una cena de 200€ si sé que puedo sacarles 500€ de sus cuentas bancarias y ellos ni rechistarán? Además… a veces me gusta pagar esas cenas simplemente para humillarles, para que vean que no les necesito… Esa situación agridulce en las que los desespero y los dejo sin saber que hacer… es muy sexy. Prácticamente algunos me suplican, textualmente, de rodillas que qué pueden hacer para agradarme. Sin duda, lo mejor de tener poder sexual, es que es una puede poner el mundo a sus pies.

Al grano. El caso es que tengo un par de sumisos financieros aquí en Valencia, y hoy me apetecía visitar a uno de ellos, pues me hizo una cuantiosa transferencia de dinero para mi cumpleaños, pero debido a que he estado liadísima, pues había estado ninguneándole varias semanas. Me sentía mal por ello, y hoy he ido a verle, sin avisar, por supuesto. Me dio las llaves de su casa hace ya un tiempo, así que no había problema. He estado ya varias veces allí. He llegado a su piso por la mañana, abierto la puerta y, al llegar, me he dado cuenta de que mi sumiso estaba durmiendo. El muy guarro estaba durmiendo desnudo, algo que se podía entender teniendo en cuenta las asfixiantes temperaturas de canícula de los últimos días. Rápidamente lo he visto claro y en seguida una galaxia de ideas perversas ha estallado en mi cabeza, como un Big Bang mental. Me he bajado de los tacones, para no hacer ruido y no despertarle, y con unos cordones de zapato y sumo cuidado, he conseguido atarle uno de sus pies a la esquina de la cama. He cogido una olla de la cocina, la he llenado de agua, le he echado unos cubitos de hielo y, bueno… Menudo chaparrón vertical. Digámoslo así: le he dado los buenos días a mi sumiso de manera muy refrescante.

Imaginaos la cara de pánico que ha puesto cuando he vertido todo el agua sobre él, y se ha agitado como un pulpo al que le hubieran metido una descarga eléctrica, y de repente no podía moverse porque estaba atado a la cama. Creedme si os digo que no he parado de reír en toda la mañana. Estas son las cosas que me reconcilian con el placer de ser dominante, estas pequeñas diversiones que se hacen por jugar, por divertirse, y no porque hayan sido pactadas para una sesión. Estas cosas, infantiles en el fondo, que se hacen sólo por placer, sin ningún interés monetario de ninguna clase… son las mejores.

A ver, no escribo todo esto para contaros alguna clase de sesión supergoticista, ritual y protocolaria. No ha pasado nada. Me he llevado al perrito a desayunar a una cafetería que me gusta, hemos charlado amigablemente, me ha contado las novedades de su vida … Todo muy normal y cordial. Después me lo he follado su culito y me he ido a hacer otros recados al centro. Ya está. Nada especial… Si cuento todo esto es para hacerle entender a la gente que la dominación financiera no es lo que mucha gente cree que es: algo árido y amoral, y abusivo, y semicriminal y patatín patatán. No lo es. Os puedo asegurar que ese sumiso, tras el susto acuático inicial, era el hombre más feliz del Universo. Una sonrisa que prácticamente se le salía de la cara todo el tiempo.

Los sumisos a los que, normalmente, mejor llego a conocer y más llegan a conocerme a mí, son los financieros. Y esto, que puede parecer ilógico, no lo es. Con los sumisos financieros es con los que más me comunico. En las artes de la dominación, la comunicación lo es todo.

Por cierto, mientras escribo esta entrada, mi pelelito financiero (el del agua), ya se ha puesto a ingresarme dinero. Luego miro cuánto. Yo no le he pedido nada… lo hace voluntariamente. Pobre sumiso, me cae bien… Qué pena me da no haberle grabado en vídeo… ha sido divertidísimo.

Mistress Ángela

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